La decoración en recipientes cerámicos se ha realizado desde sus inicios y siempre se han evaluado los movimientos pictóricos de la historia gracias a estos elementos. Caso diferentes son las ánforas y es que mucha gente se pregunta, ¿Por qué no existía decoración en las ánforas?

Las ánforas eran los recipientes que se utilizaban en época romana para transportar alimentos en distancias cortas o largas, para el comercio. El contenido de estas ánforas era generalmente líquido como el vino, el aceite y en la mayoría de casos de garum (una salsa de pescado muy popular).

La producción de ánforas era muy grande para satisfacer las necesidades del comercio con las provincias romanas. En todos los museos con una parte dedicada al mundo romano, tendrán al menos una vasija de este tipo ya que son muy comunes.

La respuesta a la pregunta es clara, las ánforas tenían una utilidad para el comercio y se preocupaban más por optimizarlas que en decorarlas. Su interior se trataba con resina para garantizar el almacenamiento de líquidos y que llegaran en las mejores condiciones a su destino.

Podemos dividir el ánfora en cinco partes, teniendo la boca, el cuello, las asas, el cuerpo y un pie. La forma de un ánfora puede variar según su clasificación pero en definitiva suele tener estos elementos ya que cada uno le aportaba utilidad.

El alemán Heinrich Dressel fue el encargado del estudio de las ánforas y de crear esta clasificación que es el manual por excelencia de los expertos del tema.

El fondo del mediterráneo está lleno de estos recipientes, pertenecientes a barcos que se hundieron durante la travesía. Existe todo un mercado negro de ánforas romanas debido al expolio de los mares, un delito castigado por la ley por atentar contra el Patrimonio Histórico.