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Estatuas

mayo 15, 2020
  • Estatuas

La escultura romana se caracteriza por la idealización de la belleza, la búsqueda del realismo y su valor estético. Como hemos visto anteriormente, las esculturas romanas empezaron solo por la talla de la cabeza y parte del cuello, luego se fue avanzando incluyendo el busto, los hombros y el pecho hasta llegar al cuerpo completo.

Este tipo de estatuas podían representarte de pie (siendo el más común) sedentes (sentadas, más típico en la representación femenina) o las estatuas ecuestres (representados a caballo), aunque esta última es de las que menos vestigios se conservan.

En el mundo de las estatuas romanas hay toda una clasificación por la que se diferenciaban estos retratos de cuerpo entero según sus vestiduras. Podemos hablar de:

  • Retratos Togatos: estos representaban, a través de la toga como su ropaje, la religiosidad y las creencias de las personas que se resguardaban en la fe.
  • Retratos Toracatos: se caracteriza por la representación de sus coraza. Esto nos deja entender que se representaba a ciudadanos dedicados a la guerra, militares o guardias de gran orden. Sus familias encargaban los retratos para que todos vieran la raíz de su linaje.
  • Retratos Apoteósicos: son los representados totalmente desnudos o semidesnudos, además de ir acompañados de una corona de laurel. Como os comentábamos anteriormente, es símbolo de divinidad y llegó con la época del Imperio y el creciente poder que se otorgó a los emperadores.
  • Pontifex Maximus: representados con la cabeza cubierta y toga, representaba al máximo cargo religioso.

Algunos de los ejemplos más reconocidos son: el retrato de Octavio Augusto representado como pontífice máximo o la estatua conocida como Augusto de Prima Porta. Se trata de un retrato imperial a pie, en el que se representa al emperador con la thoracata (indumentaria militar), y es representado con el rostro idealizado.